Viajando, en busca de la Maminés
I
De un momento a otro el calor dejó de sofocar a los pasajeros.
Los viajes en camión desde Sullana al puente Internacional parecían interminables sobre la trocha agreste que empezaba en Las Lomas.
_________¿ Falta poco tía ?_____ =Ya mismo llegamos= Respondía tía Elsa. Sosteniéndome del brazo, para no caer del madero grueso que nos servía de asiento.
_________¿ Ese pueblito es ?____ = No. Ese es Suyo; es más grande que El Puente. Mira; detrás de esos cerros; verás que pronto llegamos.=
Mis pequeños ojos veían las nubes que cual sombreros de algodón se posaban en los cerros verdes, juntos, grandes. Que diferente este lugar a Lima. Aunque, el recuerdo, me daba la misma figura: los edificios de la capital no me permitía ver la casa de papá y mamá.
El camión ingresó al pueblo de Suyo. Todos nos miraban desde sus puertas de madera. Bajo los tejados naranjas, rojizos y ennegrecidos, estaban las veredas de la calle principal.
Unos sujetos con mirada curiosa se asomaron por una ventana del billar mientras el humo de sus cigarros se escapaba a la avenida.
El vehículo dejó parte de su cargamento en la tienda del sr. Joaquín. Un hombre de mediana estatura y gestos tercos de un desconfiado.
¡ Cuidado , que son tomates !; si no..., ya sabes que no pago nada. ¿Cuánto es Don Joaquín? ____Preguntaba don
Joaquín. = Si usted ya sabe señor. = Contestaba el chofer. Don
Joaquín, con su caminar tambaleante, entró en dirección del mostrador. A su salida, cancelaba el transporte; bajo la mirada paciente de los pasajeros, que acomodaban posiciones sobre las tablas, para reiniciar el viaje.
=Aquí en Suyo vive la Mamá Chavela= Me miró sobre la cabeza, en dirección a la última cuadra de la avenida principal, que se perdía sobre la cima de una loma.___ Pero, la Maminés, ¿Dónde está la mamá lnez? ____Interrumpía mi voz de niño.
Después de Suyo, el control de La Guardia Civil, el puesto de La Guardia Republicana, Cachaquito; y al pasar por La Puerta de Fierro, estábamos en descenso; con motor apagado y el aire golpeando ligeramente el rostro; entre un paisaje lleno de ceibos, lianas y sombras que refrescan. El aire es puro. Ni el polvo que levantan las llantas o el smoke de los camiones logra dañarlo.
La Panamericana, en esta parte, une el Perú y Ecuador. En sus mejores tiempos era una carretera en óptimas condiciones pero la falta de mantenimiento la fue convirtiendo en una trocha carrozable. Para llegar a Macará (Ecuador), se construyó el Puente Internacional. En el lado peruano se seccionó las faldas de un cerro dividiendo la pendiente. Dejando así una loma artificial que terminaba abajo, en el río Calvas (Perú) o Macará (Ecuador), como también lo llaman.
Llegamos a El Puente. Así llamaban a este pequeño pueblito de casas arrimadas a la falda del cerro como si desafiaran su caída al río Macará. A la entrada, por la izquierda, un señor de escasa cabellera: El Pelao Rosas; más allá una casa de madera pintada. Bajo el umbral un hombre enjuto saludaba: Don Caverito.
Tía Elsa golpeaba con energía la caseta del camión. Sostenido por los brazos de un desconocido; bajé, mientras observaba las calaminas pobladas por enredaderas. Las puertas abiertas dejaban ver las mesas decoradas con fórmica de tonos marrón y otras de madera de hualtaco. Al final del bloque habitacional, en dirección del puente, una ventanita cubierta de celosía emanaba olor a leños secos consumidos por el fuego junto a un apetitoso aroma que convencía a los pasajeros de almorzar en el restaurante de Doña lnesita : La Maminés.
II
___¡ Un segundo bien servido ! _____
_____¡ Tráigame el encurtido para echarle al caldo !____Dos cervecitas… ____ Los cubiertos tintineantes cual campanas de bienvenida. El calor aumentaba junto con el aroma del restaurante; los olores se percibían más intensos conforme mi mano era halada por Tía Elsa. Asomado a la pequeña puerta de la cocina pude ver una figura lidiando con grandes ollas de hierro fundido cubiertas del manto negruzco que dejan los algarrobos secos al extinguir su calor en el fogón.
Sendas trenzas; ojos redondos, amplios como los de un niño y siempre brillando. Me quede contemplando las aureolas azules que rodeaban las pupilas de sus ojos marrón claro. Ella me observaba como si el tiempo que compartiríamos en nuestras vidas lo llevara en sus ojos. Ahora entiendo cuán fácil era para todos llamarla Maminés.
El río se dejaba ver desde el corral de las cabras. Los chilalos cantaban las horas de la tarde. Al doblar la esquina un burro asomaba las orejas. Su caminar al trote, sacudía los leños. Atrás el abuelo caminando pellizcaba el anca del asno___¡Burri000!... , pero si el burrio este que ...____El abuelo tenía el rostro de la tierra, el fuego, el agua y el aire y sobre
todo la marca agreste del tiempo.
En los buenos tiempos el abuelo tenía bajo su administración a los contratas de la hacienda La Tina; primera cooperativa arrocera del Perú. El hacendado Don Felipe Burneo le había confiado este cargo a mi abuelo Angel Nunjar Navarro; y él, junto a su amigo Arteaga, se encargaban de distribuir la mano de obra que provenía del Bajo Piura y zonas aledañas. Inevitablemente el tiempo avanza sin dejar el mismo sabor en los recuerdos; así que se dedicó el abuelo al negocio del transporte siendo dueño de una gran piara. De esta sólo sobrevivía el Burro Viejo, su fiel rocinante.
A Maminés nunca le agradó ser llamada abuela. Cuando hice la interrogante, ella respondió: El que no me ame que me diga abuela... esa palabra suena como a vieja olvidada, a madrasta ___ La verdad. La definición de abuela
encerraba una tácita distancia. En cambio llamarla Maminés, describía la cercanía que cada quien sentía al nombrarla.
Papá Nunjar, como también llamaba al abuelo, aflojaba el nudo de la cuerda. Los leños caían desparramados a los costados del Burro Viejo. ___Este Burrio es un bandido ... el facineroso siente que le aprieto la cincha pa' aflojarle el apero, y hay que medirlo pa que no te dé el mordiscón. __ Así me advertía el abuelo, mientras tanto, retrocedía para
alejarme un poco.
___Toma estos Sucres y ándate al otro lado, pa' que te comas un quesillo con miel ___El abuelo Angelo era el mejor consentidor que conocí en la niñez. Al llegar al puente, en el otro extremo (Ecuador), una blanca señora sentada en la vereda de la berma del puente ecuatoriano, mostraba su dentadura salpicada en oro. En el suelo; tapada con un grueso tocullo blanco yacía una canasta. ___ Señora ... ¡Buenas tardes!, ¿ Cuánto de dulce me alcanza con esto ? ___ Abriendo mis manos le mostraba el papel, diferente a los billetes que recordaba ver en la cartera de mamá. = A vos te alcanza para una porción = Mientras me miraba de pies a cabeza como un doctor ausculta externamente para emitir un diagnóstico. Me sirvió la porción = Criaturita de Dios ¿ De que familia eres vos ? = ___ Soy hijo de Don Rafael Núnjar.___ =Y ¿Qué eres con Doña lnesita= ___ Es mi Maminés___ =¡ Ave María Purísima !, si eres nieto de doña lnesita, trai el plato para servirte más miel con queso... .... Me la saludas a Doña lnesita=
De regreso, me quedé parado entre dos países, contemplando el mismo río de distintos lugares. Que ilógico estar y no estar a la vez. Pensé no estar en ningún lado y continuar con mi vida de niño, ignorando lo demás. De regreso al restaurante tomé un atajo por la subida. En el primer nivel notas musicales invadían la vereda. Era el restaurante de Doña Clara. Mi abuelo alzaba las manos empujándolas a ambos lados. El Vaca Pelada le alcanzaba el canta claro ___Este ta' buenazo Don Angelo__ El abuelo lo miraba mientras observaba sobre sus hombros, en la otra mesa, a unos
aduaneros bebiendo con unos republicanos cerveza peruana. = Yo, ¡ Qué voy a tomar esos miaos ! Ahh .. cuando no habían esas bebidas, se tomaba uno su anisado, su cantaclaro o una primera de Ayabaca... Antes jugaba mis gallos. Con mis amigos, llevábamos alforjas llenitas de reales; y eso sí, cuando tomábamos, cerrábamos cantina ... pero ahora estos repuchos ... con el revólver le quieren meter miedo a uno. Antes; a puño limpio y navaja, se peleaba. Me acuerdo
de mi amigo Arteaga.. ese cholo pa fuerzudo= Enunciaba el abuelo. ___ ¡Así es don Angelo! ___ Asentía el Vaca Pelada. =Hay que te apañaba al abrazo y te quebraba todito, pior que colambo Esos eran cholos por que tomaban cosa buena; pero estos miaos de caballo que beben ... ¡Que serán!= El abuelo contaba sus anécdotas cerrando la
tarde en la cantina. Sentado con mi cuerpo de niño, allí afuera, escuchándolo comprendí cuan duro es batallar en la vida cuando poco a poco la vida llega al ocaso y te vas sintiendo solo. Los recuerdos disimulan la soledad y unas copas le anestesiaban el dolor de comprender que las mejores experiencias vividas se le habían quedado en el ayer.
Me acerqué al papá Ángelo. Lo tomé de la mano___Papá Ángelo .. ¿Vamos a casa?___ =Ya hijito, ahorita termino y vamos= Subimos grada a grada. Haciendo equilibrio junto a su cuerpo de anciano. Hasta llegar a la cima de la loma; en descenso empezaba la casa de madera de la familia. Las sombras vencían la claridad del día que apenas permitía ver el humo que escapaba de la cocina del restaurante.
El abuelo dormía en una casita que sobresalía al conjunto habitacional del restaurante. Allí era el taller de carpintería de tío Erasmo. En el interior; los suaderos y el apero del Burro Viejo se dejaban ver bajo la luz del lamparín. Las chicharras y los grillos hacían el silencio musical de las noches en el Puente Internacional.
III
Nerón era un perro con rasgos de Collie acentuado en pastor alemán; aunque en mi opinión fue un Border Collie. Su pelaje negro; abundante; sedoso; lacio; contrastaba con su pechera y collar de tono blanco amarillento.
Sus tareas empezaban al rayar el alba; al cortar los leños para el fogón de la cocina. Él traía entre sus colmillos las astillas, para iniciar el fuego en los grandes trozos de algarrobo. Luego salía a despedir las cabras del corral del frente; las llevaba sin que una se le aparte del grupo; con la cola muy en alto. Por sí algún perro le hacía afrenta. Desde cachorro lo amamantaron prendido en las ubres del ganado; por eso las cuidaba con esmero y gratitud.
Más tarde. Una que otra vez, acompañaba al abuelo a la chacra ; o a mi tío, a la chacra de pampa redonda.
Por las tardes, si no había cabras perdidas, o que se quedaron en el cerro Pan de Azúcar paridas; Nerón se quedaba.
Muchos perros precedieron a Nerón y cada uno con una historia diferente. Los había heroicos; fieles; malos y los acusados injustamente de dañar a las cabras de otros ganaderos. Su destino, era terminar colgados de algún árbol bajo la mirada entristecida del dueño.
Nerón siempre tuvo una conducta intachable, resaltando su espontánea inteligencia. Siempre lo vi como el alma de un niño que habitaba en un perro fiel.
Los días pasaban en uno tras otro en el Puente Internacional. En cada día una historia nueva. No faltaban los que pedían posada, los que dejaban encargos, los amigos y enemigos. Pero nunca falto sobre todo la honradez y la vocación de servicio de la Maminés.
Cuentan que cierto señor entrado en años, llegó al restaurante trayendo bajo el brazo un saco negro de polietileno como equipaje. Junto a sus amigos de bohemia se embriagó en el restaurante. Agotando la amena tertulia, todos partieron a sus hogares. Al amanecer, bajo la mesa, quedó solitario el equipaje del desconocido. Maminés ordenó, para prevenir la curiosidad e indiscreción de los de la casa, arrojar el saco al techo de la cocina del restaurante; pues el saco parecía contener basura o papeles viejos. Digo parecía, porque nunca fue abierto.
Después del tiempo llegó la noticia del fallecimiento de aquel personaje. Al restaurante se presentó el hijo mayor del desconocido preguntando afanosamente por el extraño equipaje. Tan grande fue la sorpresa al abrirlo. Encontraron tantos billetes como podían caber dentro de un saco y todo bien guardado sobre el techo del restaurante.
Maminés compró una casa en Piura. Dejó el Puente Internacional y el restaurante. Mis padres llegaron de Lima. Junto a ellos tía Dora compartía las tareas de la chacra y el restaurante. El trabajo de mi padre terminó pues; los televisores que ensamblaban en su fábrica ya venían ensamblados desde el exterior. Él pudo obtener un mejor empleo en la fábrica pero a cambio debía ir en contra de sus principios éticos y prefirió sin dudar dejar el sueño del provinciano y regresar a buscar nuevos horizontes en su propia tierra.
Los días pasaban como de costumbre. Las bodegas aledañas al restaurante se llenaban de pescado salpreso de la costa; las del restaurante repletas de verduras y frutas aromáticas. En el restaurante, las peleas entre policías ebrios. Por las mañanas recordaba siempre una frase que me repetía Maminés: "Al que madruga, Dios lo ayuda"; así que tempranito, antes de la limpieza del restaurante, buscaba las monedas que dejaban las riñas de beodos.
El abuelo Angelo cada día se sentía mal. Lo acompañaba a su chacrita junto al rio, montado al anca del Burro Viejo. El camino bordeaba un barranco hacia el rio Macará.____iCójete duro hijito, que este burro es trotón!___ Así me advertía el Papá Nunjar.
IV
Poco a poco el restaurante se fue quedando solo. El abuelo falleció. Recuerdo haber estado en Suyo, debajo del papelillo que estaba en la calle cerca a la cocina; cuando escuché a mis padres sollozar la noticia. Después de esto Maminés me trajo a Piura para que estudie y tenga mejores oportunidades que en Suyo. Así visité la tierra de mi infancia durante las vacaciones. EI Burro Viejo se mudó a Suyo a pedido de mi hermano menor Kike quien lo reclamaba como la herencia de Papá Núnjar. Es así como pasó sus últimos días acompañando a mi padre en sus viajes de profesor de escuelita primaria de frontera. Hasta que un señor apellidado Mejía lo adoptó con la condición expresa entre las partes de brindarle la mejor comida. Siempre gordo y más mañoso que nunca, vivió sus últimos días.
La casa de madera y el restaurante soportaron las lluvias de 1983. Jessica, mi hermana, se enfermó en Suyo. Así que empezamos el largo viaje hacia el Puente Internacional. El camino era difícil y los toros que peleaban sus dominios lo hacían más peligroso aún.
Al llegar encontramos el restaurante abandonado. Nerón paró sus orejas desde la casa de madera. Al divisarnos sus ojos se llenaron de lágrimas. Era como si su felicidad de vernos lo avivara. Nerón estaba enflaquecido. Sus fuerzas ya no eran las de antaño. Todos los días y noches que el restaurante permaneció solo, él cuidó con fidelidad la casa que lo vio crecer. Cuando regresamos a Suyo nos acompañó hasta la salida del Puente Internacional. Se sentó sobre sus patas traseras y nos quedó mirando entristecido. Luego se alejó en dirección al restaurante.
Tratamos de llevarlo a Suyo pero siempre regresaba al Puente. Inclusive Maminés lo llevó a Piura. Sin conseguir que se adapte a la ciudad fue regresado al Puente. Pasó los días solitarios protegiendo los recuerdos de aquellos años. No faltaban los vecinos con un plato de comida para el perro. Cierto día encontraron a Nerón acostado sobre sus cuatro patas cerca de la puerta de la cocina. Entre sus fauces sostenía una astilla de algarrobo. Bajo el dintel, tantas astillas como días pasó en soledad añorando besar la mano cálida de Maminés, al recibir las chamisas que iniciaban el fuego.
Cada día solucionamos nuestra existencia de diferentes maneras. Pero el problema sigue existiendo. La soledad es la causa de todos los sucesos en nuestra vida. Existen personas que temen ser olvidadas cuando dejen este mundo. Existen personas que lo dan todo en la vida. Que llevan al máximo sus principios hasta el punto de ser llamados ingenuos, o faltos de cordura por quienes les rodean. Lo único que sí es seguro es que estas personas descubrieron la solución de este problema existencial: El Amor. EI amor a los demás y a sus seres queridos (a nosotros mismo), permite trascender en el tiempo. Nos hace crecer en espíritu; sembrando en los demás la semilla que cura nuestras enfermedades físicas y emocionales. Maminés tomó como medio para expresar su amor su servicio y entrega en su religión católica. Nerón escogió la fidelidad y el agradecimiento. Ahora nos toca perdurar como familia. Convertirnos en los ríos inagotables de amor. Los ríos que nacimos de Dios, y que salimos a este mundo, del milagro de muchos vientres que nos precedieron. Los mismos, que ayer hoy y siempre, nacimos de una misma madre.
Mi Maminés.
Fin.
En memoria de mí abuela, una verdadera madre