viernes, 3 de mayo de 2013

Eres ... Mi Suyo.


Eres ... Mi Suyo.


Cuando te nombro se me encogen los hombros acurrucado en la cama. Entre medio dormido y despierto me deleito con los recuerdos de tus sonidos antes del amanecer. La radio aquella de dial estrecho gira lentamente impulsada por los gruesos dedos de mi padre y cada sonido electrónico; impreciso; indefinido, se hace lógico en mi recordar. Escucho una balada vieja entrelazada a un chirrido de interferencia que acompasa con los cánticos de los gallos del corral.

La brisa agita suavemente las láminas de zinc de la casona. El papelillo se mece suavemente, el ciruelo viejo y el mango ciruelo se disputan el poco viento meneando las hojas.

Las siluetas que rodean el pueblo como colosos son los cerros guardianes. Al norte, al sur, al este y al oeste. Entre ellos se escurren los caminos, quebradas y quebradillas. Las nubes juegan a posarse en las faldas de aquellos gigantes y las pequeñas casas a lo lejos saludan levantando sus manos sobre los tejados. Humean las cocinas y el aroma a café recién pasado me ayuda a poner un pie en el suelo.

Este espacio de tiempo entre dormido y levantarse no se debería acabar; si fuera eterno, todo sería paz y tranquilidad en mi pueblo y al nombrarte; no habría muerte, ni violencia, ni escándalo, ni robo, ni ignorancia, ni pecado. Solo la inocencia pura bailando entre este espacio delimitado de tiempo en cuyos segundos infinitos delira la cordura haciendo que los sueños se desvanezcan con caricias del día que poco a poco iluminan la razón de un nuevo amanecer. 

Cuando te nombro quiero seguir acurrucado como en el vientre de mi madre y verte desde la ventana pequeña de la gran casona. Verte adornado de golondrinas viajeras; de tejas de barro cocidas; de puertas viejas de madera y paredes de adobe con zócalos de cemento empastado; de balcones asomados a la calle y de calles de cascajo amarillo talladas por la lluvia que hace brotar en ti la verdolaga de la vida. Cuando te vuelva a ver te rodearán los que se fueron. Los que se han ido. Los que nos arrebataron la alegría por culpa del maldito metal dorado que escondiste. No te tengo rencor por esconder lo que no es de nadie. Te tengo es tristeza. Me das lástima. Pues sigues bello en mí recuerdo y hoy que te veo no encuentro amigos, ni a mi hermano que tanto quiero. Quienes serán los malditos cobardes que se llevaron el oro y que se enfermaron de su violencia, los contrabandistas, los narcotraficantes, los ladrones de ganado, los envenenados por el odio que atacan a su propio pueblo por la espalda y los que hacen que mi pueblito siga ignorante atrayendo más el mal como moscas a la miel.

En este espacio eterno siento que llega el fin del camino. 
Al menos tenemos la esperanza de dormir y conseguir una vieja radio para acompañar tus melodías. Cuando todos duermen y están por despertar.
Cuando te nombro todo lo tuyo es mío.
Cuando te nombro eres... mi Suyo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

El Piuranito de Suyo


El Piuranito de Suyo


En esta tierra hermosa el sol aparece atrás en los cerros y se oculta allá al fondo en el horizonte, justo por la carretera a Piura.
Hoy el cielo es azul decorado con nubes difumadas. Se pueden ver algunas aves jugando recorriendo el cielo. El chilalo canta a las 12. Hoy el  sol había  traído desde temprano una buena noticia. Un hombre de estas tierras abría los ojos en las manos de una partera tuerta. Eran las 6 en punto de la mañana de un 25 de noviembre. Le atinó a cogerle las piernas con firmeza y lo palmeo fuerte para que expulse el llanto.

Los gallos cantaban en sus corrales saludándose uno al otro. El saludo pasaba de techo en techo y se colaba por las grietas de las paredes de adobe. Unas palomas se acomodaban en el tejado galanteándose una a otra. Aparentemente el pueblo estaba quieto. Interrumpía la quietud un vendedor de frutas. Halaba un burro mientras sombrero en mano y otras sombrero puesto gritaba:___ ¡Guineos, naranjas, toronjas, limas!____ 
El herrero hacía sonar el yunque con golpes acompasados como los segundos del segundero en el reloj de gallinita del abuelo. Y casi imperceptible sonaba un camión allá al fondo en la loma. El primero en llegar ese día al pueblo. Mi abuelo sentado en su silla se paraba de vez en cuando para ver quien llegaba a amarrar las bestias a los palos. ___¿Cómo amanece Don Polito?.. Aquí le dejo una librita de café a doña Chavelita. Le recomiendo la bestia... Se la dejo amarradita aquí en el papelillo.___
 La pulpería que atendía el abuelo, estaba llena de estantes de madera apilados uno sobre otro. La repisa estaba armada con las cajas de madera de algunos productos. Hace años se empacaban las cosas en cajas de madera. Se veían las marcas INCA y otras más. Los calendarios Bristol colgaban de un clavo grueso cerca de la escalera. En la esquina un saco repleto de caballas saladas dejaba una marca indeleble de aceite. Es la esquina de la puerta a la calle. Hasta hoy se ve esa marca. Al fondo un barril de kerosene, acostado reposado sobre dos caballetes celestes. El olor de las panelas envueltas en papel grueso. Los suspiros o merengues acomodados en una caja de acrílico y las tortas de canela en la caja de madera con pantalla de vidrio. El pan de sal y el pan de huevo en los baldes de plástico; y las rosquitas y cachitos, en el balde de metal blanco encharolado.
Las láminas de zinc del techo reposaban en las grandes vigas de madera. El ciruelo se mecía con el viento insinuando unas ciruelas rojas. La tinaja de la esquina escurría agua entre las piedras que le servían de base. El pocillo verde de metal chirriaba al raspar el fondo de la tinaja. Estaban cambiando el agua para calmar la sed del día. El zango con camote y huevo frito acomodado junto a un jarro de café preparado con tintura contenida en la pequeña garrafa de vidrio. El queso de cabra, el quesillo frito.
Así como se extinguen las especies, sin darnos cuenta, sin un adiós, sin sentir sus pasos. Así también se nos van extinguiendo tantas cosas. Como los sonidos. La secuencia de ruidos y olores que nos van armando una lógica rutina que nos avisa cuando empieza y termina el día.  Las frases comunes, las palabras únicas de cada pueblo. Los olores, los aromas. Ya pocos saludan en las calles de mi pueblo. Los sombreros de paja rafia se están haciendo raros. Las camisas almidonadas, los chancheros de costal de harina, los coladores de tocullo, los potajes, los pollos para sentarse y descansar en la cocina, las bancas de madera, los banquitos, los aperos de las bestias, las baquetas, las huaracas, las hondas, las llantas de caucho rodando cuesta abajo,     el mata queche, el trompo, las escondidas, las bolinchas o canicas de checo, la quebrada y sus lagunas, los perros, las mascotas, el humo de las cocinas de leña, los machos, las mulas y los burros. Es como si se nos fueran a escondidas dejándonos sólo este recuerdo.

Seguro ese día en que nació aquel varón muchas de estas cosas eran vida. Hoy sé que hay cosas que no se han ido; pues aquellas cosas permanecen vivas sólo en los que sabemos disfrutar de los silencios, los que amamos las soledades acompañadas de los demás. Los que hacemos familias de la familiaridad de tenernos todos cerca. He admirado hoy a un primo que tiene éxito; no por lo mucho que tiene sino por lo mucho que lo disfruta. Tiene una gran familia y seguro sus hijos mantendrán viva la simplicidad de aquel día en que nació y la harán tan importante como la vida misma.

sábado, 13 de octubre de 2012

La mochila de tela


La mochila de tela



Sabía que a veces es preciso esperar en silencio con la mirada atenta. Lleno de expectativas me senté al filo de la primera  grada de la puerta principal y la vi pasar. Llevaba el cabello recogido saltando entre las piedras que encontraba en el camino. La mire sin que se diera cuenta y como un imán se pega al opuesto, de repente nos estábamos viendo en milésimas de segundo y separándonos mientras se perdía tras la esquina del  “Juchapa”. Me miró y eso desató un sinfín de posibilidades. Si nos casaríamos, si tendríamos hijos, si la llevaría en auto con los niños al pueblo y todos nos verían alegres paseando retornando felices al lugar de nuestra infancia.
¡Que cojudo se vuelve uno  cuando solo vives el presente como última instancia!,  sin tener en cuenta que el futuro es mirar atrás en todos tus presentes, y saber que todo lo que hiciste lo hiciste bien. ¿Tienes futuro?  O ¿Tienes un pasado de que lamentarte?
En fin. Hoy la tipa esa es una muerta de hambre que vive en otra ciudad. Abandonada por el marido. Gorda y llena de acné. Lindo soy yo y hasta bello. Curioso pensar que en ese tiempo me consideré insignificante y un pobretón.  Le arrancaba a las zapatillas ecuatorianas que traían de contrabando, las marquillas por vergüenza a la marca. Era una marca de pobrecitos. Zapatillas de en ese entonces a 5 soles el par contra las nike, puma, adidas, Niva, etc que se estrenaban los muy hijueputas por los que las niñas chorreaban la baba. 

Sí que estaba perdido creyendo que yo era un insignificante. Hoy son puros vagos muertos de hambre varios de ellos consumidos por el vicio o sub empleados viviendo a costillas de sus ancianos padres.
No joda me mandaba a recoger de una, si supiera que hoy soy diferente. Le armaba una barra de zapatillas de marca por el culo bien untadita en vaselina pa que le entre a cualquiera de esos malparidos. No joda que si. 
Me pondría mi pantalón viejo, el mismo que mi mamá me hizo y nunca quería ponerme. El gorrito tejido a crochet de la Maminés. El que escondía a propósito junto con la mochilita de tela que con tanto amor me hizo la abuela. Que mal hijo fui por no sentir orgullo de mi morral. Mientras los muy despiadados me hacían mofa por que llevaban las súper mochilas importadas. Que rabia me da de no haber mandado a comer mierda a tanta gente y prevalecer con mi identidad y mi propia mochila de tela.
Este mundo si no vale verga. Uno da tantas vueltas al filo del precipicio hasta que sube y llega a la cima para darse cuenta que desde abajo debí haberle pateado el culo a tanto estorbo para llegar más rápido.
Y eso es lo que haré hoy. Patearle el culo a tanto malnacido que aparente sentirse más porque lo que tengo le parece poco. Voy taparle la boca a cualquier bruto que levanta la voz para decir que tiene la razón.

Pues un poco de mierda es bastante les diré y si se las hago comer de seguro les parecerá demasiado.

Cierro el blog y pónganse en cuatro para los que les toque o abran la boca!!

jueves, 26 de julio de 2012

Las quebradas de mi pueblo


Las quebradas de mi pueblo


Un día en la Quebrada de Suyo

Los ríos, las quebradas, los arroyos... se llevan consigo el pasado que va cayendo con la gravedad de lo que no nos hace falta, el agua se estanca y da vueltas en las lagunas de los recuerdos, en las mismas en que nos hemos bañado una y otra vez. Recuerdas la laguna de patos, la chinchay, el banden, el habillo, la pungala, la de los soldados, y tantas que ya se llevó el agua en sus recuerdos.
Las quebradas de mi pueblo son recuerdos que simulan extinguirse como la luz de una luciérnaga. Ellas reviven en cualquier aguacero que cae del cielo y besando los cerros van cuesta abajo entregando sus sueños a nuevos causes. Quebrada mía sigues viviendo a pesar de los años. Como algo que nunca se quiere olvidar, como alguien que te recuerda cada vez que te ve.Que te entristece. Que te llena de nostalgia. Que te refresca al tocarte. Ya estás vieja, cansada; pues no has cumplido con llevarte el nuevo puente. ¿Recuerdas cuando enredaste los troncos del pasado en el verano del 83? Halaste con todo y te llevaste el puente. Ese puente; el de los gringos. El de concreto. Tantas veces acaricié la estructura de los pasamanos corriendo tras las cabras que arriábamos con la abuela. Tal vez creíste que el puente era un recuerdo y te lo llevaste también. Junto con el agua, junto con lo que  creíste que ya no nos hace falta.
Las cabras por la mañana lamían tus andadas, los ganaderos, los arrieros, los camiones en tránsito hacia la frontera. Mis caracoles trepaban los muros que dejaste en pie del puente, cerca al habillo grande, que te admiraba. Debajo las lavanderas exprimían las sábanas; las que reposaban luego sobre las piedras de las orillas para que el azulino que se conseguía en Macará, las vuelva blancas como la risa de un niño mirando al sol.

Sigues ahí quebrada y seguro quien te lea en estas letras te recordará en las aguas de la memoria y bajará contigo hacia los mares del infinito recordar.

sábado, 5 de mayo de 2012

Una bola de fuego, una niña de ojos verdes y una golondrina que ya no volverá.


Una bola de fuego, una niña de ojos verdes y una golondrina que ya no volverá.

Al llegar la noche nos sentámos en la vereda; junto a la puerta principal. Las gradas de la escalera, de acceso a la tienda del papá Polo, nos servían de posaderas.  Hoy no hay luz eléctrica. Todo el pueblo estaba enterado. Don José subió a las 4pm sosteniendo un cigarro entre sus labios con su peculiar forma de mirar. No le enviaron petróleo de Ayabaca. Había pasado más de un mes de que la reserva mensual había llegado en un camión. El camión subió la cuesta llevando los tanques de 55 galones. Todos  se consumieron día tras día iluminando al pueblo. Para esta noche ya no había más. Un señor muy puntual Don José. La luz eléctrica iluminaba al pueblo desde las 18:00 horas hasta las 00:00 horas en punto. Su rutina era subir diariamente la cuesta, bordear el cementerio de suyo y llegar hasta la cabina del motor en las afueras del pueblo. Siempre limpia sus motores, verifica el nivel de aceite, el combustible y el  agua del radiador. Esta vez el petróleo le había jugado en contra. No llegó a tiempo.
Avanzaba la oscuridad sobre la noche y la poca visibilidad nos quita el sentido de la vista abriendo un inmenso vacío entre lo que vemos y miramos; por eso, para observar, nuestro sentido de la escucha nos guía.
Son sesiones interminables de oír y escuchar. Son las noches en que al privarse parcialmente de un sentido los demás sentidos afloran y hacen que cada recuerdo se vuelva mágico.
Desde nuestra vereda, acomodados todos junto a mamá Chavela oímos la radio de Don Tadeo. La sintoniza ubicando las estaciones en banda AM. Mueve lentamente el dial repasando las estaciones. Los sonidos despiertan la curiosidad de quienes rodeámos a Don Tadeo. Cuando nos acercábamos estaban sus hijos escuchando los programas de radio junto a él. Don Tadeo hacía una pausa y contestaba las preguntas de cualquiera que le interrumpiera mientras nos soltaba historias. La barba espesa y blanca que frotaba con sus manos era el preámbulo de todo lo que nos decía. Todas sus narraciones estaban llenas de sabiduría. ¿De dónde salían esos cuentos?, ¿Las aventuras? Parecía tener 1,000 años y siempre lucía igual. Una persona extremadamente ordenada que cuidaba de los detalles y que hacía que cualquier acto simple parezca una obra digna de un arquitecto ancestral. Su casa era ejemplo de que con muy poco, mucha creatividad y esfuerzo se podían lograr cosas admirables. Eso es lógico; pues todo lo bello se compone de cosas simples, que en su simpleza, reúnen muchos detalles perfectos e imperfectos; pero que con ese orden casi divino, nos dejan admirados.
Nos contó, que una vez su madre, lo rescató de la muerte; envolviéndolo en un colchón bajo la cama. Eran los tiempos en que asesinaban a los Apristas. Eso marcó su ideología. Un social demócrata que no era ni chicha ni limonada, ni de izquierda ni de derecha; pero siempre estaba de lado del pueblo, de los pobres. Las canciones como “La Marsellesa Aprista”, “Vasija de barro”; eran preferidas en sus reuniones. Y tantas cosas que hoy no cuento pero habrá ocasión de contárselas.
La casa de Don Tadeo está bajando la loma de la calle Leticia donde empieza la calle Piura. En el lado derecho. Tiene tres descansos. Uno que corresponde a un solar de material noble, que servía de corral para las cabras y chivos, otro cerca a la puerta pequeña del pasadizo donde se guardaban muchos recuerdos y cosas antiguas. Y el otro que correspondía a las piezas principales de la casa cuya vereda servía de mirador hacia el pueblo y los cerros. Escuchábamos aquella radio a pilas marca  JVC Nivico. 
Radio Nivico. Fotografía tomada de internet
 Las luciérnagas aparecían en escena en el solar de abajo. Era una casa vieja que se caía a pedazos. Sólo quedaba una pieza con las tejas a medio poner en el techado. Servía de baño público para los más urgidos como la burra vieja, o para que la gente del cerro amarrara las bestias bajo los dinteles o postes. Las pequeñas lucecitas revoloteaban entre las flores de campo que nacieron por las lluvias del invierno. En las tardes los chupaflores introducían sus lenguas retráctiles desenrollando su pequeña punta en forma de círculos. Nosotros los niños jugábamos atrapándolas y las martirizábamos amarrando sus frágiles lenguas atadas a un cordel de pita. Las soltábamos y las dejábamos volar. Luego las traíamos de vuelta halando el cordel. Fueron los últimos chupaflores que vi en mi vida. Creo que ya se extinguieron pues ya no los he visto en el pueblo. Seguro que todos los que jugábamos con ellos nos arrepentimos de haberlos martirizado así. Tal vez uno de nuestros hijos hoy podría verlos. Como me arrepiento de ello. Un pedazo de belleza de Dios que arrebate a mis hijos.
Don Tadeo nos decía a todos. ___Las luciérnagas son los ojos de los muertos. Son las almas que visitan la noche y ven a través de su pestañar este mundo. Por eso se encienden y se apagan, abren … y cierran los ojos… No las atrapen, déjenlas ir___
Mamá Chavela nos llamó desde la casa. Ya daban las 8 de la noche. Los demás niños corrieron hacia abajo. Las brujas y las pintado eran un grupo de niñas que llamaban a los demás para jugar a la Chepa, el Mataqueche o las escondidas. No queríamos volver a casa; pero ya era hora de dormir.
Suyo en estos días es un pueblo rodeado por los cerros. Todos pintados de verde. Los ceibos se esconden entre el color verde del pasto y las borracheras. Aun se ve la verdolaga hermosa de hojas redondas y bordeadas, llenando de vida sincera el suelo. Los saltamontes son verdes y pequeños. Las mariquitas se esquiban entre las grietas del cascajo junto a las bolitas de excremento que llevan rodando a sus madrigueras. Nunca encontré la casa de una de ellas. A donde llevan tanta mierda. Me da risa recordarlo hoy. Pero seguro hacen algo bueno pues todo es parte de un todo que es mi pueblo.
Acostado, arropado bajo las frazadas; se escuchaba a lo lejos los gritos de los muchachos. Como quisiera jugar con ellos. El ruido se hace más débil hasta que todo se vuelve silencio. Hasta puedo escuchar cómo me zumban los oídos. Hay unos pasos arrastrando los pies que marcan su caminar. Está dando la vuelta a la esquina de la casa. ¿Quién será? Se escucha como se aleja. Las calaminas del techo vibran con la brisa nocturna. El techo silba con el viento. El mango ciruelo y el árbol de ciruelas rojas ambos mecen sus hojas. Los árboles de eucalipto de afuera dejan caer los pinochitos sobre la calamina como gotitas de lluvia. Cuando la brisa se marcha todo vuelve a estar en calma. Esta noche tengo poco sueño. Tengo ganas de abrir la puerta y salirme a escondidas. ¿Y si se aparece el caballo que hala cadenas? ¿El chancho de fuego? ¿La viuda negra? ¿El duende? ¿El hombre sin cabeza? ¿La mano negra?...... “No señor…nooo”. Mejor me quedo en la cama. Calentito, bajo mis frazadas.
Logré dormir un poco. Sentí que algo iluminaba la oscuridad. Estaba entre despierto y soñando. Vi unos ojos verdes claros asomándose en la casa alquilada cerca a la tienda de don Panchito. Me miraban esos ojos fijamente. La niña más hermosa y dulce se escondía tras la puerta. Salió hacia la calle. La seguí. Ella corrió hacia la calle de atrás rumbo a la escuela y se metió en el local que arrendaba un policía que le decían Condorito. Cerró las dos hojas de la puerta y medio abrió una para volverme a mirar. Le pregunté que quería, porque me miraba y sólo se sonreía sonrojada. El cabello le hacía unos rulos en la frente. Estiró tímida la mano y me dejó en mi palma un arete de filigrana de plata con la forma de un corazón. Luego se metió corriendo hacia las habitaciones de aquella casa. De pronto todo se iluminó. Sentía calor y gritos desesperados. Como si despellejaran en vida a una mujer. Me desperté angustiado. Me levanté y sentí que alguien gritaba pidiendo ayuda. Salí corriendo hacia la puerta principal, corrí el picaporte y el chirrido levantó a todos. Vi hacia abajo y veía como una bola de fuego rasgaba la puerta de la tienda donde vendían cerveza. El fuego cruzó la calle y se desvaneció sobre el suelo. Me tomaron del brazo; creo que fue mi papá, y me metió al cuarto a empujones. Solo escuché desde mi habitación frases entrecortadas. ____ Seguro se pelearon de nuevo___ Pobre se quemó toda__ nadie la ayudó___ estuvo gritando pidiendo auxilio___  siempre peleaba con el marido___ ¿Pero a él lo cambiaron hace un mes no?___ anda metido en cosas malas___ tenía tres hijos, la mayor de los tres es preciosa…  sacó los ojitos verdes a la mamá____

Me volví a dormir. Me levanté para ir a la escuela. Dejé el café y los panes del desayuno sobre la mesa y Salí corriendo. Ya van dos campanas. A la tercera llego tarde. La profesora no me la perdona esta vez. Corrí cuesta abajo esquivando las grietas en el cascajo. Casi me caigo sobre unas piedras de canto rodado que había colocado la municipalidad para rellenar las calles por las enormes grietas que dejaban las aguas de lluvia.  Caminé sobre la vereda izquierda. A medida que me acercaba a la esquina, para doblar hacia el colegio, sentía un olor a plástico quemado mezclado con un olor extraño. Baje las gradas y no me quise colgar del dintel para saltar hacia abajo. Más bien baje con calma. El cholo Wilo estaba jugando con unos pedazos de tela quemada. Me mostró uno y me dijo: __ Mira la quemadita…. Se quemó la mujer del policía… ¡huele!… ¡huele!____ Me invitaba el Cholo; ___ Huele… a carne quemada.___ Junté mis recuerdos y mis ideas y enseguida se vino a mi mente los ojos verdes de aquella niña. Mire hacia abajo y estaba ahí un corazoncito de filigrana. Lo tomé con delicadeza en la palma de mi mano y corrí hacia el colegio. Mientras sonaba la tercera campanada pude ver un Volkswagen celeste estacionado en la casa de Condorito. Se llevaban a la niña, la hermana y su hermanito. Me acerque a ella y se lo puse en la mano. ___Lo dejaste olvidado___ Ella me miró con esos ojitos de ternura. Como diciendo gracias. Nunca más volví a saber de ellos y  nunca más pregunte que pasó. Cuando regresé a casa por la tarde, después de la escuela, vi las golondrinas cantar alegres, jugueteando en el cielo; recuerdo muy bien la tarde pues fue una de aquellas en que las golondrinas llegaban a suyo y se acomodaban bajo las tejas sólo para después dejarnos solos y emigrar. Guardo la promesa de algún día volverla a ver. Sé que no será la misma; pero seguro que volverá para marcharse otra vez.

viernes, 23 de marzo de 2012

Cuando le incendiamos el cigarro al Burra Vieja


Cuando le incendiamos el cigarro al Burra Vieja
Después de 2 años encerrada en la casa, se atrevió a mirar bajo el dintel. Papá Polo había quitado el picaporte de la puerta principal.
Todos los días él sentía el olor de la mañana. Al ver los cerros y la niebla armonizaba los sentidos. Se sentaba en la silla del centro.
Tomaba el calendario de Bristol de la ruma que colgaba de un clavo en la pared. Ahí cerca al interruptor de la sala junto a la escalera.
Hojeó el pronóstico del mes. Volvió a mirar las cimas de los cerros y al asomarse, alguien lo saludó desde su vereda. Es el Burra Vieja.
EL humo del cigarro se escapaba de sus labios resistiéndose a dejarlo. Julio Valdiviezo F. En todo el pueblo lo llamaban el Burra vieja.
Acomodaba el pedazo de cuero de borrego que le servía de posadera. Estiraba la última succión de tabaco hasta llegar al filtro de carbón.
Kike, le había jugado malas pasadas y desconfiado siempre miraba cada cigarro antes de encenderlo.
Miraba a todos lados en la calle y al percatarse que estaba solo encendía el siguiente.
Kike y los muchachos se sentaban en la vereda de Don Tadeo. Planeaban la mañana entera la forma en hacer caer al viejo. Todos sabían su debilidad: los cigarros malboro rojo. Se acercaba kike y le decía. --- Julio! No quieres cigarritos?--- Don Julio lo miraba de reojo y al escuchar la palabra cigarritos se le transformaba el rostro en alegría y brillaban sus ojos con el contraste de su cabello blanco como la nieblina. ===¡ Dámelos pues! === Se tranzó el viejo.
Los militares, del cuartel del pueblo, acostumbraban hacer tiro al blanco en las lomas del cerro cajones. Era muy común encontrar balas de 72mm olvidadas en los caminos. Os muchachos desarmaron una. Le sacaron la punta a la cual le se le escarbó el plomo de relleno para luego en la punta hacerle un pequeño agujero. Al casquete se le vaciaba la pólvora y con mucho cuidado se le abría un agujero para colocarle una arandela. Se colocaba una carga de lapicero que se recortaba al tamaño de la munición de tal forma que la punta salía por la bala y se armaba todo el conjunto. Ya teníamos un lapicero. ___¿Y la pólvora?____ ===== ¡la metemos en un cigarro ¡==== dijo Kike. Y ahí tienen a Don julio Chato haciendo la ceremonia inicial. Se sentaba muy cómodo en la perezosa. Olía de punta a filtro el cigarro. Lo acomodaba entre sus labios. Los muchachos estaban a mas de una cuadra esperando las novedades. Kike salía caminando loma arriba. Julio abrió la cajetilla de fósforos. Saco el primer palito que asomó y lo rasgo contra la caja. El fuego llegó a la punta del cigarro y respiró hondo como si le faltara el aire. Algo pasaba pues no encendía muy bien. Rasgo otro fósforo contra la caja y con la flama calentó el cigarro de principio a fin. ____Eso suelta más el tabaco___ Le dijo Julio chato a su nieto El Cholo. Al fin logró sacarle la primera bocanada. Otra más y el humo salía elegante de los orificios de su nariz. El placer lo inundó tanto que se estiró como los gatos al querer acostarse. Kike y los muchachos expectantes miraban incrédulos lo que pasaba. Se acomodaron desde la esquina para ver mejor y quisieron acercarse pues no pasaba nada extraño. De pronto Julio Chato le exigió mas humo al tabaco y la pólvora se consumió hasta filtro. Julio desesperado salto de la perezosa. La llamarada inmensa le tostó las cejas y el bigote canoso. La rabia le fruncía el rostro desencajado. ____ Muchachos sin oficio..… ociosos..…. Ya sabía que me tenían que hacer esta cojudez… pendencieros… Polo! Chavela!!! Mira las malcriadeces de tus nietos… Polo! ____ Golpeaba la puerta de Papá Polo con el bastón de ¨overal[i]¨. Al ver que nadie salió.. se cansó de gritar. Logró escuchar las risas de los muchachos y se rindió. Les grito: ___ pedazos de mantenidos… ociosos nomas paran… ya vendrán a mi casa para verlos… bandidos... eso es que son.___


[i] Overal: Arbusto nombre científico Cordia lutea Lam. La Flor de Overal crece en el monte y sin mucha agua, muchas veces acompaña a los Algarrobos típicos del norte del Perú.

lunes, 5 de marzo de 2012

Viajando, en busca de Maminés

Viajando, en busca de la Maminés

I
De un momento a otro el calor dejó de sofocar a los pasajeros.
Los viajes en camión desde Sullana al puente Internacional parecían interminables sobre la trocha agreste que empezaba en Las Lomas.
_________¿ Falta poco tía ?_____ =Ya mismo llegamos= Respondía tía Elsa. Sosteniéndome del brazo, para no caer del madero grueso que nos servía de asiento.
_________¿ Ese pueblito es ?____ = No. Ese es Suyo; es más grande que El Puente. Mira; detrás de esos cerros; verás que pronto llegamos.=
Mis pequeños ojos veían las nubes que cual sombreros de algodón se posaban en los cerros verdes, juntos, grandes. Que diferente este lugar a Lima. Aunque, el recuerdo, me daba la misma figura: los edificios de la capital no me permitía ver la casa de papá y mamá.
El camión ingresó al pueblo de Suyo. Todos nos miraban desde sus puertas de madera. Bajo los tejados naranjas, rojizos y ennegrecidos, estaban las veredas de la calle principal.
Unos sujetos con mirada curiosa se asomaron por una ventana del billar mientras el humo de sus cigarros se escapaba a la avenida.
El vehículo dejó parte de su cargamento en la tienda del sr. Joaquín. Un hombre de mediana estatura y gestos tercos de un desconfiado.
¡ Cuidado , que son tomates !; si no..., ya sabes que no pago nada. ¿Cuánto es Don Joaquín? ____Preguntaba don  Joaquín. = Si usted ya sabe señor. = Contestaba el chofer. Don  Joaquín, con su caminar tambaleante, entró en dirección del mostrador. A su salida, cancelaba el transporte; bajo la mirada paciente de los pasajeros, que acomodaban posiciones sobre las tablas, para reiniciar el viaje.
=Aquí en Suyo vive la Mamá Chavela= Me miró sobre la cabeza, en dirección a la última cuadra de la avenida principal, que se perdía sobre la cima de una loma.___ Pero, la Maminés, ¿Dónde está la mamá lnez? ____Interrumpía mi voz de niño.
Después de Suyo, el control de La Guardia Civil, el puesto de La Guardia Republicana, Cachaquito; y al pasar por La Puerta de Fierro, estábamos en descenso; con motor apagado y el aire golpeando ligeramente el rostro; entre un paisaje lleno de ceibos, lianas y sombras que refrescan. El aire es puro. Ni el polvo que levantan las llantas o el smoke de los camiones logra dañarlo.
La Panamericana, en esta parte, une el Perú y Ecuador. En sus mejores tiempos era una carretera en óptimas condiciones pero la falta de mantenimiento la fue convirtiendo en una trocha carrozable. Para llegar a Macará (Ecuador), se construyó el Puente Internacional. En el lado peruano se seccionó las faldas de un cerro dividiendo la pendiente. Dejando así una loma artificial que terminaba abajo, en el río Calvas (Perú) o Macará (Ecuador), como también lo llaman.
Llegamos a El Puente. Así llamaban a este pequeño pueblito de casas arrimadas a la falda del cerro como si desafiaran su caída al río Macará. A la entrada, por la izquierda, un señor de escasa cabellera: El Pelao Rosas; más allá una casa de madera pintada. Bajo el umbral un hombre enjuto saludaba: Don Caverito.
Tía Elsa golpeaba con energía la caseta del camión. Sostenido por los brazos de un desconocido; bajé, mientras observaba las calaminas pobladas por enredaderas. Las puertas abiertas dejaban ver las mesas decoradas con fórmica de tonos marrón y otras de madera de hualtaco. Al final del bloque habitacional, en dirección del puente, una ventanita cubierta de celosía emanaba olor a leños secos consumidos por el fuego junto a un apetitoso aroma que convencía a los pasajeros de almorzar en el restaurante de Doña lnesita : La Maminés.
II
___¡ Un segundo bien servido ! _____
_____¡ Tráigame el encurtido para echarle al caldo !____Dos cervecitas… ____ Los cubiertos tintineantes cual campanas de bienvenida. El calor aumentaba junto con el aroma del restaurante; los olores se percibían más intensos conforme mi mano era halada por Tía Elsa. Asomado a la pequeña puerta de la cocina pude ver una figura lidiando con grandes ollas de hierro fundido cubiertas del manto negruzco que dejan los algarrobos secos al extinguir su calor en el fogón.
Sendas trenzas; ojos redondos, amplios como los de un niño y siempre brillando. Me quede contemplando las aureolas azules que rodeaban las pupilas de sus ojos marrón claro. Ella me observaba como si el tiempo que compartiríamos en nuestras vidas lo llevara en sus ojos. Ahora entiendo cuán fácil era para todos llamarla Maminés.
El río se dejaba ver desde el corral de las cabras. Los chilalos cantaban las horas de la tarde. Al doblar la esquina un burro asomaba las orejas. Su caminar al trote, sacudía los leños. Atrás el abuelo caminando pellizcaba el anca del asno___¡Burri000!... , pero si el burrio este que ...____El abuelo tenía el rostro de la tierra, el fuego, el agua y el aire y sobre
todo la marca agreste del tiempo.
En los buenos tiempos el abuelo tenía bajo su administración a los contratas de la hacienda La Tina; primera cooperativa arrocera del Perú. El hacendado Don Felipe Burneo le había confiado este cargo a mi abuelo Angel Nunjar Navarro; y él, junto a su amigo Arteaga, se encargaban de distribuir la mano de obra que provenía del Bajo Piura y zonas aledañas. Inevitablemente el tiempo avanza sin dejar el mismo sabor en los recuerdos; así que se dedicó el abuelo al negocio del transporte siendo dueño de una gran piara. De esta sólo sobrevivía el Burro Viejo, su fiel rocinante.
A Maminés nunca le agradó ser llamada abuela. Cuando hice la interrogante, ella respondió: El que no me ame que me diga abuela... esa palabra suena como a vieja olvidada, a madrasta ___ La verdad. La definición de abuela
encerraba una tácita distancia. En cambio llamarla Maminés, describía la cercanía que cada quien sentía al nombrarla.
Papá Nunjar, como también llamaba al abuelo, aflojaba el nudo de la cuerda. Los leños caían desparramados a los costados del Burro Viejo. ___Este Burrio es un bandido ... el facineroso siente que le aprieto la cincha pa' aflojarle el apero, y hay que medirlo pa que no te dé el mordiscón. __ Así me advertía el abuelo, mientras tanto, retrocedía para
alejarme un poco.
___Toma estos Sucres y ándate al otro lado, pa' que te comas un quesillo con miel ___El abuelo Angelo era el mejor consentidor que conocí en la niñez. Al llegar al puente, en el otro extremo (Ecuador), una blanca señora sentada en la vereda de la berma del puente ecuatoriano, mostraba su dentadura salpicada en oro. En el suelo; tapada con un grueso tocullo blanco yacía una canasta. ___ Señora ... ¡Buenas tardes!, ¿ Cuánto de dulce me alcanza con esto ? ___ Abriendo mis manos le mostraba el papel, diferente a los billetes que recordaba ver en la cartera de mamá. = A vos te alcanza para una porción = Mientras me miraba de pies a cabeza como un doctor ausculta externamente para emitir un diagnóstico. Me sirvió la porción = Criaturita de Dios ¿ De que familia eres vos ? = ___ Soy hijo de Don Rafael Núnjar.___ =Y ¿Qué eres con Doña lnesita= ___ Es mi Maminés___ =¡ Ave María Purísima !, si eres nieto de doña lnesita, trai el plato para servirte más miel con queso... .... Me la saludas a Doña lnesita=
De regreso, me quedé parado entre dos países, contemplando el mismo río de distintos lugares. Que ilógico estar y no estar a la vez. Pensé no estar en ningún lado y continuar con mi vida de niño, ignorando lo demás. De regreso al restaurante tomé un atajo por la subida. En el primer nivel notas musicales invadían la vereda. Era el restaurante de Doña Clara. Mi abuelo alzaba las manos empujándolas a ambos lados. El Vaca Pelada le alcanzaba el canta claro ___Este ta' buenazo Don Angelo__ El abuelo lo miraba mientras observaba sobre sus hombros, en la otra mesa, a unos
aduaneros bebiendo con unos republicanos cerveza peruana. = Yo, ¡ Qué voy a tomar esos miaos ! Ahh .. cuando no habían esas bebidas, se tomaba uno su anisado, su cantaclaro o una primera de Ayabaca... Antes jugaba mis gallos. Con mis amigos, llevábamos alforjas llenitas de reales; y eso sí, cuando tomábamos, cerrábamos cantina ... pero ahora estos repuchos ... con el revólver le quieren meter miedo a uno. Antes; a puño limpio y navaja, se peleaba. Me acuerdo
de mi amigo Arteaga.. ese cholo pa fuerzudo= Enunciaba el abuelo. ___ ¡Así es don Angelo! ___ Asentía el Vaca Pelada. =Hay que te apañaba al abrazo y te quebraba todito, pior que colambo Esos eran cholos por que tomaban cosa buena; pero estos miaos de caballo que beben ... ¡Que serán!= El abuelo contaba sus anécdotas cerrando la
tarde en la cantina. Sentado con mi cuerpo de niño, allí afuera, escuchándolo comprendí cuan duro es batallar en la vida cuando poco a poco la vida llega al ocaso y te vas sintiendo solo. Los recuerdos disimulan la soledad y unas copas le anestesiaban el dolor de comprender que las mejores experiencias vividas se le habían quedado en el ayer.
Me acerqué al papá Ángelo. Lo tomé de la mano___Papá Ángelo .. ¿Vamos a casa?___ =Ya hijito, ahorita termino y vamos= Subimos grada a grada. Haciendo equilibrio junto a su cuerpo de anciano. Hasta llegar a la cima de la loma; en descenso empezaba la casa de madera de la familia. Las sombras vencían la claridad del día que apenas permitía ver el humo que escapaba de la cocina del restaurante.
El abuelo dormía en una casita que sobresalía al conjunto habitacional del restaurante. Allí era el taller de carpintería de tío Erasmo. En el interior; los suaderos y el apero del Burro Viejo se dejaban ver bajo la luz del lamparín. Las chicharras y los grillos hacían el silencio musical de las noches en el Puente Internacional.
III
Nerón era un perro con rasgos de Collie acentuado en pastor alemán; aunque en mi opinión fue un Border Collie. Su pelaje negro; abundante; sedoso; lacio; contrastaba con su pechera y collar de tono blanco amarillento.
Sus tareas empezaban al rayar el alba; al cortar los leños para el fogón de la cocina. Él traía entre sus colmillos las astillas, para iniciar el fuego en los grandes trozos de algarrobo. Luego salía a despedir las cabras del corral del frente; las llevaba sin que una se le aparte del grupo; con la cola muy en alto. Por sí algún perro le hacía afrenta. Desde cachorro lo amamantaron prendido en las ubres del ganado; por eso las cuidaba con esmero y gratitud.
Más tarde. Una que otra vez, acompañaba al abuelo a la chacra ; o a mi tío, a la chacra de pampa redonda.
Por las tardes, si no había cabras perdidas, o que se quedaron en el cerro Pan de Azúcar paridas; Nerón se quedaba.
Muchos perros precedieron a Nerón y cada uno con una historia diferente. Los había heroicos; fieles; malos y los acusados injustamente de dañar a las cabras de otros ganaderos. Su destino, era terminar colgados de algún árbol bajo la mirada entristecida del dueño.
Nerón siempre tuvo una conducta intachable, resaltando su espontánea inteligencia. Siempre lo vi como el alma de un niño que habitaba en un perro fiel.
Los días pasaban en uno tras otro en el Puente Internacional. En cada día una historia nueva. No faltaban los que pedían posada, los que dejaban encargos, los amigos y enemigos. Pero nunca falto sobre todo la honradez y la vocación de servicio de la Maminés.
Cuentan que cierto señor entrado en años, llegó al restaurante trayendo bajo el brazo un saco negro de polietileno como equipaje. Junto a sus amigos de bohemia se embriagó en el restaurante. Agotando la amena tertulia, todos partieron a sus hogares. Al amanecer, bajo la mesa, quedó solitario el equipaje del desconocido. Maminés ordenó, para prevenir la curiosidad e indiscreción de los de la casa, arrojar el saco al techo de la cocina del restaurante; pues el saco parecía contener basura o papeles viejos. Digo parecía, porque nunca fue abierto.
Después del tiempo llegó la noticia del fallecimiento de aquel personaje. Al restaurante se presentó el hijo mayor del desconocido preguntando afanosamente por el extraño equipaje. Tan grande fue la sorpresa al abrirlo. Encontraron tantos billetes como podían caber dentro de un saco y todo bien guardado sobre el techo del restaurante.
Maminés compró una casa en Piura. Dejó el Puente Internacional y el restaurante. Mis padres llegaron de Lima. Junto a ellos tía Dora compartía las tareas de la chacra y el restaurante. El trabajo de mi padre terminó pues; los televisores que ensamblaban en su fábrica ya venían ensamblados desde el exterior. Él pudo obtener un mejor empleo en la fábrica pero a cambio debía ir en contra de sus principios éticos y prefirió sin dudar dejar el sueño del provinciano y regresar a buscar nuevos horizontes en su propia tierra.
Los días pasaban como de costumbre. Las bodegas aledañas al restaurante se llenaban de pescado salpreso de la costa; las del restaurante repletas de verduras y frutas aromáticas. En el restaurante, las peleas entre policías ebrios. Por las mañanas recordaba siempre una frase que me repetía Maminés: "Al que madruga, Dios lo ayuda"; así que tempranito, antes de la limpieza del restaurante, buscaba las monedas que dejaban las riñas de beodos.
El abuelo Angelo cada día se sentía mal. Lo acompañaba a su chacrita junto al rio, montado al anca del Burro Viejo. El camino bordeaba un barranco hacia el rio Macará.____iCójete duro hijito, que este burro es trotón!___ Así me advertía el Papá Nunjar.
IV
Poco a poco el restaurante se fue quedando solo. El abuelo falleció. Recuerdo haber estado en Suyo, debajo del papelillo que estaba en la calle cerca a la cocina; cuando escuché a mis padres sollozar la noticia. Después de esto Maminés me trajo a Piura para que estudie y tenga mejores oportunidades que en Suyo. Así visité la tierra de mi infancia durante las vacaciones. EI Burro Viejo se mudó a Suyo a pedido de mi hermano menor Kike quien lo reclamaba como la herencia de Papá Núnjar. Es así como pasó sus últimos días acompañando a mi padre en sus viajes de profesor de escuelita primaria de frontera. Hasta que un señor apellidado Mejía lo adoptó con la condición expresa entre las partes de brindarle la mejor comida. Siempre gordo y más mañoso que nunca, vivió sus últimos días.
La casa de madera y el restaurante soportaron las lluvias de 1983. Jessica, mi hermana, se enfermó en Suyo. Así que empezamos el largo viaje hacia el Puente Internacional. El camino era difícil y los toros que peleaban sus dominios lo hacían más peligroso aún.
Al llegar encontramos el restaurante abandonado. Nerón paró sus orejas desde la casa de madera. Al divisarnos sus ojos se llenaron de lágrimas. Era como si su felicidad de vernos lo avivara. Nerón estaba enflaquecido. Sus fuerzas ya no eran las de antaño. Todos los días y noches que el restaurante permaneció solo, él cuidó con fidelidad la casa que lo vio crecer. Cuando regresamos a Suyo nos acompañó hasta la salida del Puente Internacional. Se sentó sobre sus patas traseras y nos quedó mirando entristecido. Luego se alejó en dirección al restaurante.
Tratamos de llevarlo a Suyo pero siempre regresaba al Puente. Inclusive Maminés lo llevó a Piura. Sin conseguir que se adapte a la ciudad fue regresado al Puente. Pasó los días solitarios protegiendo los recuerdos de aquellos años. No faltaban los vecinos con un plato de comida para el perro. Cierto día encontraron a Nerón acostado sobre sus cuatro patas cerca de la puerta de la cocina. Entre sus fauces sostenía una astilla de algarrobo. Bajo el dintel, tantas astillas como días pasó en soledad añorando besar la mano cálida de Maminés, al recibir las chamisas que iniciaban el fuego.
Cada día solucionamos nuestra existencia de diferentes maneras. Pero el problema sigue existiendo. La soledad es la causa de todos los sucesos en nuestra vida. Existen personas que temen ser olvidadas cuando dejen este mundo. Existen personas que lo dan todo en la vida. Que llevan al máximo sus principios hasta el punto de ser llamados ingenuos, o faltos de cordura por quienes les rodean. Lo único que sí es seguro es que estas personas descubrieron la solución de este problema existencial: El Amor. EI amor a los demás y a sus seres queridos (a nosotros mismo), permite trascender en el tiempo. Nos hace crecer en espíritu; sembrando en los demás la semilla que cura nuestras enfermedades físicas y emocionales. Maminés tomó como medio para expresar su amor su servicio y entrega en su religión católica. Nerón escogió la fidelidad y el agradecimiento. Ahora nos toca perdurar como familia. Convertirnos en los ríos inagotables de amor. Los ríos que nacimos de Dios, y que salimos a este mundo, del milagro de muchos vientres que nos precedieron. Los mismos, que ayer hoy y siempre, nacimos de una misma madre.
Mi Maminés.
Fin.
En memoria de mí abuela, una verdadera madre